No, no llevan capa, ni vuelan, pero tienen más fuerza y van más allá que cualquier musculitos de Marvel.
Me resulta difícil mostrar la admiración y respeto que siento hacia los misioneros. No solo han consagrado su vida a Dios y respondido a su llamada, sino que han decidido cargar su cruz e ir tras Él sin miedo a las circunstancias más extremas entregándose y repartiendo gestos de servicio y amor.
En los territorios de Misión, entregan su vida por los más pobres y desfavorecidos sin pedir nada a cambio. ¿Cómo identificamos a estos superhéroes? No, no les reconecerás por llamativos logotipos ni por sus mallas ajustadas, sus iconos de identidad son una sonrisa, una mano, un abrazo, un te quiero y una cruz. Como nos dice Francisco: “La misión no es proselitismo o mera estrategia; la misión es parte de la “gramática” de la fe, es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que susurra “VEN” y “VE”. Quien sigue a Cristo se convierte necesariamente en misionero, y sabe que Jesús “camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).
Este domingo celebramos el DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones 2015. Pidamos por los misioneros que cerca o lejos de nosotros nos dan ejemplo de la verdadera vocación cristiana. Y seamos generosos, pienso que es una obligación. Que nuestra admiración no acabe solo en eso, que nuestra admiración se trasforme en una ayuda económica y en un ejemplo a seguir en nuestro día a día. Seamos también pequeños superhéroes intentando salvar a este mundo loco con gestos de amor, dando sin esperar nada a cambio, ¡hasta el infinito y más allá!