La mejor herencia
El tiempo y las canas son siempre los mejores medidores a la hora de valorar detalles de esta vida nuestra. La infancia, para bien y para mal, siempre deja huellas. En mi caso no tengo más que buenos recuerdos. Bueno vale, algún tortazo en bici, alguna que otra brecha y varios septiembres estudiando, pero si pongo todo esto en un plato de la balanza y los buenos momentos en el otro, no hay color. Y como decía, ahora es cuando valoras esos detalles que año tras año, década a década, han ido llenando tu mochila de recuerdos inolvidables.
La mejor herencia, el mejor legado de unos padres a sus hijos no está formado por cuentas de banco o metros cuadrados de terreno. La mejor herencia está llena de «jugamos un partido», de «me cuentas un cuento», de «no te preocupes, no pasa nada», y por supuesto de historias, abrazos, paciencia, cariño y perdón. Noches de verano mirando las estrellas, tardes de monopoli, carreras de bicis, mirar desde la ventana una tormenta, polis y cacos, y por supuesto un parchís.
Dediquemos más tiempo a nuestros hijos, saquemos ratitos para compartir junto a ellos sus juegos, sus hobbies, y así, cuando faltemos, sabrán valorar la importancia de la palabra FAMILIA.