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Sin vértigo
Este verano he subido a una montaña con mi amigo Alberto. Qué maravilla! Llevaba varios años subiendo solo, pero siempre me perdía, no conseguía «hacer cima».
En cambio, qué fácil parece cuanto te dejas guiar. Qué diferente cuando confías en alguien y sigues sus huellas a ciegas, sin miedo, sin vértigos, sabiendo que aunque demos pasos en falso y a veces tropecemos, la senda está marcada, no hay pérdida.
Lo mismo ocurre con nuestra fe. Pongámonos las botas de montaña emprendamos nuestra travesía y dejémonos llevar con la seguridad de estar en una cordada, bien atados, sabiendo que si hay una caída, Él sujetará la cuerda. Es un recorrido largo, con tramos tranquilos pero también con rectas empinadas, barrancos y abismos, pero nunca pierdas la fe, porque solo tu FE te hará que sigas adelante.
«Solo tu fe hará que sigas adelante cuando te encuentres ante un muro, que te levantes cuando caigas o que lo intentes otra vez cuando fracases, porque la fe mueve montañas, no la fe ciega del que se niega a comprender, del que no sabe y se conforma con no saber, eso no es fe, eso es…ceguera, sino una fe de hombre y mujer que busca y lucha por sus sueños, una fe activa, fe de vida y de esperanza, fe en ti mismo y en los demás, en su nobleza, en la verdad de sus razones y hasta en sus buenas intenciones, fe en esa luz del nuevo día y en sus promesas y alegrías, en la bondad, en la justicia, en este mundo y en el otro, en el Dios todopoderoso y en el amor que todo lo puede, fe en lo imposible si es hermoso, en el futuro, en el presente, en que no hay mal que siempre dure, en cualquier caso, sobre todo y frente a todo, FE».
https://youtu.be/KgYJqRcgVk4