Nuestra pequeña ha empezado a ir a la guardería. Cada día, después de recogerla, Adriana visita con ella la capilla para saludar a la Virgen. Un minuto de silencio. Un segundo para lanzarle un beso. Un instante para decirle a María, nuestra hija, en voz bajita, lo mucho que le quiere la Virgen y cuánto la cuida. Un ratito mágico. Como diría el anuncio, “no tiene precio”. Tan solo un momento para estar con ella, no cuesta nada. Y así, poquito a poquito, rezo a rezo, beso a beso, vamos haciendo que la semilla del bautismo vaya creciendo, vaya enraizando en una tierra cada día más yerma, cada día más adversa y hostil.
«En el alma de cada cristiano, Jesús ha sembrado —por el Bautismo— la gracia, la santidad, la Verdad. Hemos de hacer crecer esta semilla para que fructifique en multitud de buenas obras: de servicio y caridad, de amabilidad y generosidad, de sacrificio para cumplir bien nuestro deber de cada instante y para hacer felices a los que nos rodean, de oración constante, de perdón y comprensión, de esfuerzo por conseguir crecer en virtudes, de alegría…» (evangeli.nt)
En estos momentos en los que es tan difícil educar, y cuando a veces todo parece nublado, hay que sacar fuerzas para sembrar. De esa manera conseguiremos que el fruto dado sirva a nuestros hijos para tener una razón para vivir con fe, con esperanza y alegría.
Así es, solo cinco minutos al día con Ella cunden una eternidad 😉